En una parte de la sociedad mexicana existe la convicción de que el ejercicio de la ciudadanía se agota al ir a votar cada 3 o cada 6 años. Se trata de una visión simplista, pero muy extendida, según la cual la democracia se resumiría en el momento de la contienda electoral, de forma que los ciudadanos cumplen con su papel si van a votar y luego pueden proseguir con sus actividades ordinarias, sin preocuparse más del funcionamiento de la democracia mexicana.
Lo cierto es que la democracia –en México y en cualquier otro país que merezca ser calificado como democrático- es un modelo mucho más exigente. Lo es para los gobernantes, sin duda alguna. Pero lo es también para los ciudadanos, que deben jugar un papel activo en el día a día del juego democrático. No es posible concebir ningún sistema democrático sin la participación popular, la cual debe producirse de manera permanente y no esporádica.

Vale la pena recordar lo anterior una vez que vamos conociendo los resultados de la jornada electoral del pasado 1 de junio, para renovar a una buena parte de nuestros poderes judiciales, tanto a nivel federal como local. Quienes aspiraban a los cargos que estuvieron en juego hicieron muchas promesas siendo candidatos. Es momento de recordarlas, tenerlas bien anotadas y exigir que se cumplan puntualmente.
Los problemas ancestrales de la justicia mexicana (o de la falta de ella, mejor dicho) no se van a resolver en unos días, pero lo cierto es que los ciudadanos pueden convertirse en factores de exigencia y de presión de muchas maneras y a través de diversos canales. El primer requisito para lograrlo es estar informados, de forma que se cuenten con los conocimientos necesarios para saber al menos lo básico sobre los temas que deben resolver nuestros tribunales.
Una vez que se cuenta con la información necesaria sobre el trabajo judicial, cada uno de nosotros puede estar pendiente de lo que va sucediendo, puede difundirlo entre sus conocidos e incluso puede entrar en contacto con los juzgadores a través de sus respectivas direcciones de internet, por medio de cartas dirigidas a ellos o a los medios de comunicación, a través de videos en YouTube, etcétera. Todos en campaña prometieron ser “cercanos y estar muy atentos a los reclamos sociales”. Vamos a ver si habiendo obtenido el respaldo popular en efecto están dispuestos a cumplir tales promesas.

También se puede hacer uso de las redes sociales para expresar una exigencia o recordar un compromiso no cumplido. Los jueces, que en este aspecto se parecen bastante a los políticos, suelen ser sensibles a lo que se escribe en las redes y muchos de ellos tienen a alguien de sus equipos de apoyo rastreando los mensajes que se les dirigen. Hay algunos juzgadores que –me consta- utilizan ellos mismos sus cuentas de redes sociales; ellos están conectados con frecuencia y seguramente estarán muy atentos a las peticiones ciudadanas.
Lo importante es que no dejemos que pase el tiempo y que las grandes promesas de las pasadas campañas electorales vayan cayendo en el olvido.
Debemos anticiparnos en las quejas y reclamos, para que los nuevos jueces electos sepan que tenemos buena memoria y que nos tomamos en serio lo que nos dijeron cuando eran candidatos. De nosotros y de nadie más depende que así sea.
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