Cuatro pasos para refutar argumentos

Cuatro pasos para refutar argumentos

Cuatro pasos para refutar argumentos

Una de las tareas más importantes de la argumentación jurídica, además de justificar la posición que uno defiende en un debate, consiste en la refutación del punto de vista defendido por nuestros oponentes.

La refutación de un argumento consiste en mostrar mediante un contraargumento que la tesis defendida por nuestro contrincante está equivocada o es falsa.

Es importante ordenar nuestra refutación y presentarla adecuadamente, siguiendo una serie de pasos preestablecidos, de forma que ésta logre todo su efecto y brillantez:

Primer Paso: “Ustedes han dicho…”

Es importante que el público (y el jurado) sepa claramente contra qué idea de nuestro oponente vamos a lanzar la refutación. En una forma breve y concisa, debemos parafrasear lo dicho anteriormente por el equipo contrario, para lo cual se necesitan dos habilidades poco practicadas hoy día: saber escuchar y saber tomar notas de lo dicho durante el debate.

Segundo Paso: “Sin embargo…”

Una vez expuesta la tesis de nuestro contrario, debemos presentar en forma de titular nuestra refutación (es decir, nuestra contra-tesis o antítesis). En ella expresaremos el motivo por el que consideramos rechazable el argumento del contrincante: porque no ha demostrado nada, porque carece de pruebas, o bien lo que dice es irrelevante o incluso incoherente o contradictorio. 

Tercer Paso: “Porque…”

Este es el momento de poner las cartas sobre la mesa, mostrar las razones que nos respaldan en nuestra crítica al adversario. Al fin y al cabo, una refutación es a su vez un argumento (un contra-argumento, diríamos mejor), por lo que debe ser igualmente respaldado en base a datos, ideas, valores o principios que se deben ser explícitamente comparados con los que presentó la otra parte, de forma que facilitemos al jurado y al público la tarea de comparar las credenciales de ambos bandos. Por eso, no sólo explicaremos el error de nuestro adversario, sino también la relevancia de dicho error para la cuestión o problema que nos ocupa.

Cuarto Paso: “Y, por tanto…”

Presentar la conclusión final de nuestro alegato, aunque pueda parecer repetitivo o innecesario por darse por sobreentendido, es sin embargo un recurso útil para confirmar al público y al jurado que somos nosotros quienes llevamos razón (es lo que metafóricamente suele afirmarse como «rematar la faena»). En dicha conclusión, volvemos a presentar la tesis original de nuestro adversario poniendo el énfasis en su debilidad o defecto (o resaltando por el contrario la superioridad de nuestra postura).

FUENTE: aprenderadebatir.es


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