Leer a Carnelutti

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La librería del Centro Carbonell se distingue por contar con los mejores títulos de especialización jurídica y de literatura. Además, es el único lugar donde encontrarás todas las publicaciones CEC. Conoce nuestro extenso surtido de libros.

Miguel Carbonell <strong><a href="https://miguelcarbonell.me/wp-admin/post.php?post=5586&action=edit#_ftn1">*</a></strong>
Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Italia es el país que más ha aportado a la cultura jurídica de la humanidad. Desde el derecho romano hasta las más recientes teorías del garantismo jurídico, los juristas italianos han estado siempre pensando de manera vanguardista en las instituciones jurídicas y construyendo ideas que han permitido el perfeccionamiento del derecho. No se me ocurre alguna otra nación que haya hecho tantas y tan relevantes aportaciones al mundo jurídico como Italia.

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Y dentro de tales aportaciones han destacado las relativas al derecho procesal. Basta recordar nombres tan relevantes como Giuseppe Chiovenda, Piero Calamandrei, Mauro Cappeletti o el del autor del libro que ahora presentamos: Francesco Carnelutti. Se trata de verdaderas leyendas del procesalismo científico, cuyas obras constituyen lecturas obligadas para los abogados del siglo XXI.

“Cómo se hace un proceso” es el último libro publicado en vida por Carnelutti. Apareció en Italia en 1964 y su autor falleció el 8 de marzo de 1965. Se trata de un texto breve, que tiene un propósito de difusión y que, a diferencia de muchas otras obras del autor, no se propone realizar una exposición científica o profunda de los temas abordados. De hecho, el texto es el resultado de un guion preparado para ser leído en transmisiones radiofónicas, práctica que es relativamente común en Italia, como forma de hacer llegar el conocimiento de los especialistas en diversos campos de la ciencia a la ciudadanía.

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En América Latina sería interesante poner en marcha un proyecto semejante, puesto que en la actualidad nuestros medios masivos de comunicación en vez de contribuir a educar a los ciudadanos hacen su mayor esfuerzo para perpetuar la ignorancia y el chismorreo que por décadas han caracterizado a nuestras sociedades.

Carnelutti destaca en su libro la atención que generan los procesos judiciales en la opinión pública y la poca comprensión que se tiene sobre su funcionamiento. Tenía mucha razón el autor cuando escribió su texto, pero la sigue teniendo hoy en día, más de cinco décadas después. En nuestro tiempo también hay un seguimiento masivo de las actuaciones judiciales, aunque la incomprensión de la que hablaba Carnelutti se ha multiplicado por mil, debido a las informaciones sesgadas, incompletas o de plano falsas que con frecuencia se transmiten a través de las redes sociales. Internet se ha convertido en un megáfono de lo que sucede en las salas de audiencia, pero a veces es un megáfono que distorsiona, engaña y falsifica la información.

Incluso antes de la masificación del internet, la televisión también generó un impacto inaudito de los procesos judiciales. Basta recordar el caso contra OJ Simpson en Estados Unidos, seguido por millones de telespectadores durante meses, o el caso de Florence Cassez en México, basado en un “montaje televisivo” orquestado por las autoridades con la complicidad (impune todavía, por cierto) de las dos principales televisoras del país.

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Tiene razón Carnelutti cuando afirma que

“el interés del público, que constituye una especie de halo en torno al proceso, es el signo infalible del drama que en él se ventila, así como de su valor para la sociedad y para la civilización”.

Y esto es cierto porque, en efecto, la existencia de tribunales y procedimientos jurídicos para dirimir conflictos entre los particulares, o entre los particulares y las autoridades, es una de las mayores expresiones de la civilización humana: acudimos a tribunales a reclamar nuestros derechos cuando hace apenas unos siglos nos matábamos entre nosotros para arreglar los problemas en el seno de la sociedad. Nos recuerda el autor esa máxima que formularon ya los romanos:

El proceso judicial existe para evitar que los ciudadanos lleguen a las armas (“Ne cives ad arma veniant”).

Diría que hoy es más urgente que nunca difundir, incluso y antes que nada entre los estudiantes de derecho y los abogados, los conocimientos básicos de la estructura de un proceso judicial, la diferencia entre el proceso civil y el penal, la integración de cada una de sus etapas, el papel que juegan los respectivos actores y la forma en que se van resolviendo los temas planteados. 

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El libro “Cómo se hace un proceso” es una excelente herramienta para lograr esa difusión. Además de los temas que aborda el autor, hay que destacar que lo hace con un estilo de exposición muy elegante. Sobrio, pero de una gran elocuencia. Toda una lección de buena escritura para los juristas del siglo XXI. 

En México se han hecho profundas reformas de carácter procesal. Basta mencionar las que se orientan a robustecer el principio de oralidad procesal, ya presente en materia penal, mercantil, administrativa, familiar y laboral. Para su correcto funcionamiento necesitamos contar con las mejores bases y el pensamiento más claro que tengamos a nuestro alcance. Las palabras de Francesco Carnelutti que encontrará el lector en las siguientes páginas pueden servir para eso y para mucho más. Es una delicia leerlas, por lo que podemos aprender del estilo elegante y culto del autor, pero también por el enorme aprendizaje que nos deja.


El presente texto aparece a modo de “Presentación” de la obra de Carnelutti publicada por el Centro Carbonell en 2017.


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¿Qué habilidades y conocimientos distinguen a un buen abogado?

¿Qué habilidades y conocimientos distinguen a un buen abogado?

Centro de Estudios Jurídicos Carbonell se dio a la tarea de diseñar el Diplomado en Formación Práctica para Abogados, que llena esos vacíos de la formación práctica que necesitan adquirir los abogados para un desempeño óptimo, desde perfeccionar aspectos como la escritura y redacción de demandas, hasta las estrategias de cobro de honorarios para garantizar una estabilidad financiera. Además, buena parte del temario está dedicado al desarrollo de habilidades transversales como la negociación y la oratoria.

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Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Introducción.

¿Qué es lo que hace que un abogado sea un excelente abogado? ¿en qué se distingue un abogado de primer nivel de un abogado mediocre? ¿qué rasgos y capacidades deben desarrollarse para llegar a ser un abogado eminente?

Un estudio realizado en Estados Unidos sobre las cualidades prácticas de los mejores abogados señala los siguientes aspectos[1]:

1. Desarrollo intelectual y de conocimientos.

Los mejores abogados tienen gran capacidad de análisis y de razonamiento práctico. Son creativos e innovadores[2]. Se enfocan en resolver problemas, no necesariamente a través del litigio, sino de la vía que piensen que es más barata y más rápida para llegar a la mejor solución para proteger los intereses de sus clientes.

2. Búsqueda de información e investigación de hechos.

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Los mejores abogados saben perfectamente dónde encontrar la norma jurídica que necesitan para aplicarla a un caso concreto: son buenos en la investigación legislativa y jurisprudencial.

También se destacan por saber investigar los hechos de un caso concreto, de forma minuciosa y detallada, hasta el nivel de la obsesión a veces.

Igualmente, son excelentes a la hora de hacer cuestionamientos o realizar entrevistas a las personas involucradas en un caso concreto, ya sea dentro o fuera de la sala de audiencias de un tribunal.

3. Comunicaciones.

Los mejores abogados son excelentes en el ejercicio de la comunicación. ¿Cómo lo hacen? A través del desarrollo de su capacidad de influencia y persuasión sobre los demás, por medio de una escritura pulcra, directa, clara y perfectamente comprensible, así como gracias a la capacidad de escuchar a las otras personas (tanto a los clientes como a los jueces e incluso a las contrapartes en un juicio).

La comunicación entre clientes y abogados es de enorme importancia. De hecho, la queja más común de los usuarios de servicios jurídicos tiene que ver con las dificultades en este ámbito. Comenzando por lo más sencillo: muchas personas se quejan de que no pueden encontrar al abogado cuando lo están buscando para hacerle una consulta o tienen alguna duda sobre su caso.

De modo que una primera cuestión esencial para todo abogado es hacerse asequible para los clientes: que lo puedan encontrar cuando lo buscan, ya sean que lo llamen por teléfono o lo contacten por cualquiera de las múltiples formas de comunicación que permite internet (yo he tenido clientes que prefieren contactarme por Facebook, por ejemplo).

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Algunas sugerencias para comunicarse adecuadamente durante una entrevista entre el abogado y su cliente[3]:

  1. Pon toda tu atención en el cliente. No permitas que nada te distraiga. No tengas cerca tu teléfono celular o tu computadora. Avisa a las personas que te apoyan para que no te pasen llamadas o no te interrumpan salvo casos de fuerza mayor.
  2. Cuida la atmósfera en la que se lleva a cabo la entrevista, a fin de que no sea extremadamente ruidoso, caluroso, etcétera.
  3. Escucha activamente. No solamente se trata de poner atención, sino de ir construyendo junto con el cliente el relato de su caso. Haz preguntas cuando lo consideres pertinente, cuando algo no te quede claro o cuando requieras información sobre algún aspecto más específico.
  4. No interrumpas a tu cliente, ni le propongas una solución antes de haber escuchado todo lo que tiene que contarte. Muchos clientes buscan, antes que nada, a alguien que les escuche. Piensa que escuchar a los clientes forma parte de lo que les vas a cobrar por la prestación de tus servicios profesionales.
  5. Pon atención a las pistas que te ofrezca el cliente para poder responder adecuadamente a sus preocupaciones. En concreto, hay que poner mucha atención al lenguaje corporal y al tono de voz; eso nos da información sobre el cliente, su estado de ánimo, lo afectado que pueda estar por el caso, etcétera.
  6. Refleja con tu actitud una adecuada comprensión del estado de ánimo del cliente. Muestra empatía y solidaridad, en la medida en que lo estimes pertinente.
  7. Piensa en tu cliente antes que nada como una persona, no solamente como una fuente de ingresos. Interésate por la historia que te está contando o la consulta que te está planteando.
  8. Piensa que además de proveer de asistencia y conocimientos jurídicos, para tus clientes debes ser también una fuente de alivio emocional. Transmite seguridad y ayúdalo a generar emociones positivas.
  9. Evita el uso de lenguaje excesivamente técnico. La “jerga jurídica” no sirve para comunicarse con los clientes. Solamente genera distancia y desconfianza entre los clientes y el abogado.
  10. Evita darles a los clientes una lección de derecho. Te fueron a ver no para aprender lo que no saben sobre el sistema jurídico, sino para resolver su problema. Da respuestas cortas y concretas a sus dudas.
  11. Haz preguntas abiertas, de modo que el cliente se pueda explayar y plantear adecuadamente su caso. Evita las preguntas cerradas que conducen a respuestas de “sí” o “no”.
  12. Decide con cuidado sobre el lugar en el que se va a celebrar la entrevista. A veces puede ser mejor ir al lugar del cliente en vez de tratar ciertos asuntos en un ambiento muy “profesional” que puede resultar más frío y menos propicio para que el cliente se sincere.

4. Planeación y organización.

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La profesión jurídica se ha convertido en algo muy complejo. Se requieren grandes aptitudes organizativas y de planeación para tener éxito en su ejercicio práctico. Los mejores abogados son maestros de la planeación estratégica. Saben organizar y manejar su propio trabajo, así como el trabajo de los demás.

La planeación abarca desde cuestiones sustantivas relacionadas con los casos que están atendiendo (para lo cual deben tener muy bien organizada la agenda de audiencias, vencimiento de plazos procesales, etcétera), hasta cuestiones relativas a la administración de sus despachos (planeación financiera, nómina del personal, pagos de alquiler o de préstamos, etcétera)[4].

La profesión jurídica, en la práctica, exige dedicar mucho tiempo a cuestiones administrativas para las cuales se debe tener una gran capacidad organizativa. Un despacho de abogados a fin de cuentas es una especie de empresa y como tal debe estar organizada y administrada[5].

5. Solución de conflictos.

Los buenos abogados son los que saben negociar los asuntos para poder obtener las mejores soluciones; saber negociar no es, como algunos afirman, un arte, sino una técnica y como todo tipo de técnica se puede aprender y desarrollar, tal como ya fue expuesto en una carta anterior. También saben, los abogados destacados, que cuando una negociación no puede llegar a buen puerto –por las razones que sean- se puede abrir la puerta de un procedimiento de mediación o incluso acudir a un arbitraje. Nunca dejan de explorar todas las opciones disponibles antes de acudir a un juicio, que es la vía última de resolución de conflictos[6].

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Saber negociar es algo que a los abogados nos ayuda en el plano profesional y en el plano personal. Una buena negociación y el resultado que obtengamos de ella puede llegar a definir nuestra vida. Ningún abogado debería olvidarlo, en beneficio propio y de los intereses de sus clientes.

No todos los asuntos jurídicos se pueden resolver a través de un litigio. Hay muchos casos en los que lo mejor que podemos hacer como abogados es buscar una solución negociada, a través de la cual le ahorremos tiempo, dinero y esfuerzo a nuestros clientes. Saber negociar es esencial para todo abogado.

Para negociar con éxito creo que pueden ser útiles los siguientes consejos o sugerencias[7]:

A) Mantén control de tus emociones.

Cuando estamos en una negociación lo peor que nos puede pasar es que nos dejemos llevar por emociones como la ira, la frustración, el hartazgo o incluso la prisa. Recordemos tres cosas que nos pueden servir: primero, como abogados siempre estamos negociamos en nombre de nuestros clientes, no de nosotros mismos; segundo, tenemos que mantener en todo momento una actitud profesional y diligente, la cual no puede ser menoscabada por impulsos emocionales; tercero, las emociones propias son algo que nosotros podemos controlar dentro de una negociación, no debemos perder esa ventaja.

B) Busca el mejor lugar disponible para realizar la negociación.

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Antes de iniciar una negociación, dependiendo del tema y de la actitud de la otra parte, debemos tomar una decisión sobre el lugar en el que vamos a llevarla a cabo. ¿Conviene más un lugar público o un lugar con privacidad? ¿podemos pedirles que vengan a nuestro despacho o es mejor ir al suyo? ¿debemos buscar un lugar neutral? Si podemos contestar bien esas preguntas tendremos muchas ventajas al momento de iniciar la negociación.

C) Pon al tiempo a jugar en tu favor.

El elemento del tiempo es central en toda negociación. Hay que saber si la otra parte tiene prisa por llegar a una solución al problema o si es uno el que tiene cierta urgencia. En todo caso, lo mejor es que la otra parte no sepa si tenemos o no prisa.

Ir modulando el tiempo de la negociación puede ser una carta muy favorable en cierto tipo de negociaciones; por ejemplo, cuando se trata de pagar una deuda y el acreedor con el que estamos negociando necesita con urgencia el dinero.

D) Evita tomar decisiones “en caliente”.

Un buen negociador es aquel que analiza con detalle y con calma la información necesaria para celebrar un acuerdo que le sea favorable. Esa posibilidad disminuye cuando tomamos decisiones precipitadas, sin detenernos a reflexionar sobre lo que más nos conviene. Por eso es bueno que, cuando el acuerdo es inminente, pidamos a la otra parte un tiempo de reflexión que nos permita evaluar correctamente la propuesta.

E) Busca criterios objetivos.

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Muchas personas piensan que un proceso de negociación es una especie de “torneo de voluntades” en el que gana el más persistente o el más necio. La verdad es que los mejores negociadores son aquellos que ofrecen elementos objetivos para llegar a un acuerdo. No se trata, en este punto, de lo que quiere una parte o de lo que quiere otra. Siempre vamos a querer ganar todo y no perder nada. Pero eso no es una negociación en el mundo real. Siempre hay algo que vamos a tener que ceder. ¿Cómo determinar con objetividad el mejor acuerdo para todos los interesados?

Debemos buscar criterios objetivos, que no dependen de la voluntad de las partes. Esos criterios pueden ser, por ejemplo, el precio de mercado de cierto bien o producto, el costo, la tradición o la reciprocidad.

F) Fija tu propia línea roja.

Antes de iniciar una negociación es importante que tengas claridad respecto a lo que se suele llamar el “precio de reserva”, es decir, la condición por debajo de la cual ya no te conviene seguir negociando ya que lo que la otra parte ofrece es algo que está completamente fuera de tus expectativas.

La determinación del precio de reserva (o línea roja) es importante para evitar presiones y tentaciones a la hora de estar negociando.

6. Relaciones con clientes y de negocios.

El derecho, como otras actividades que realizan los seres humanos de forma profesional, es también un negocio. Los mejores abogados hacen prosperar esa dimensión de la abogacía, por medio del desarrollo de redes de trabajo y de negocio.

Los contactos son esenciales para obtener nuevos clientes y para derivar hacia otros despachos o colegas a los clientes que nos plantean temas que no forman parte de nuestro ámbito de trabajo.

Los clientes muchas veces buscan consejos o sugerencias de los abogados para poder prevenir el surgimiento de algún problema o para tomar decisiones con la mayor seguridad que sea posible, desde el punto de vista económico y jurídico; los mejores abogados lo saben y están preparados para asesorar de forma seria y rigurosa a sus clientes.

7. Capacidad de trabajo en equipo.

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Los asuntos jurídicos que valen la pena desde un punto de vista profesional suelen ser muy complejos. En muchos casos no es posible que un abogado individual pueda dar la atención debida a un asunto que reviste cierto grado de complejidad o que requiere del análisis de grandes volúmenes de información.

Para poder salir adelante se requiere de un trabajo en equipo. Los mejores abogados tienen la capacidad de evaluar los asuntos para tener una idea clara de su complejidad y decidir si, en un caso concreto, se va a requerir la participación de otros abogados o de especialistas en otras ramas del conocimiento.

En asuntos de derecho medioambiental es frecuente que se busque la asesoría de biólogos; en asuntos penales con frecuencia se requiere la asistencia de médicos, especialistas en ciencias forenses o detectives; en temas vinculados con telecomunicaciones o de derecho energético se requiere el apoyo de ingenieros; en cuestiones fiscales sin duda el apoyo de contadores es indispensable.

Hay que saber trabajar con esos profesionales, desarrollando relaciones de confianza y apoyo recíprocos que nos permitan atender con el mejor nivel posible a nuestros clientes. En cierta medida, se requiere del abogado que desarrolle dotes de liderazgo y guía, para tener éxito profesional encabezando esfuerzos colectivos[8].

8. Carácter.

No cualquiera puede ser un buen abogado, un abogado de excelencia. Además de todo lo que llevamos dicho se requiere también una cierta formación del carácter. Los rasgos de los mejores abogados son: pasión y compromiso con su profesión; diligencia en la atención de los casos que llevan; integridad y honestidad a toda prueba; buen manejo de situaciones de estrés; continua capacidad de aprendizaje, a lo largo de toda su vida profesional.


[1] Ver Robebennolt, Jennifer K. y Sternlight, Jean R., Psychology for lawyers, Chicago, American Bar Association, 2012, p. 5.

[2] Melcher, Michael F., The creative lawyer, 2ª edición, Chicago, American Bar Association, 2014.

[3] Sigo en parte las sugerencias que se encuentran en Linder, Douglas O. y Levit, Nancy, The good lawyer. Seeking quality in the practice of law, Oxford, Oxford University Press, 2014, p. 17.

[4] Un libro con muy buenas sugerencias y consejos para quienes inician su práctica profesional como abogados es el de Foonberg, Jay, How to start and build a law practice, 5ª edición, Chicago, American Bar Association, 2004.

[5] Poll, Edward, Attorney and law firm guide to the business of law, 3ª edición, Chicago, American Bar Association, 2014; Bucy Pierson, Pamela, The business of being a lawyer, Saint Paul, West Academic Publishing, 2014.

[6] Coleman, Peter T. y otros, The handbook of conflict resolution, 3ª edición, San Francisco, Jossey-Bass, 2014.

[7] Hay muchos libros sobre negociación que pueden ser de utilidad para dominar las técnicas que te permitan obtener ventajas en un proceso de esa naturaleza. Te recomiendo algunos de los más conocidos:

Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton, Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder, Barcelona, Gestión2000, 2011.

Wiiliam Ury, Supere el no. Cómo negociar con personas que adoptan posiciones inflexibles, Barcelona, Gestión2000, 2012.

Deepak Malhotra y Max Bazerman, El negociador genial. Cómo obtener grandes resultados en la mesa de negociación y más allá, Barcelona, Empresa Activa, 2013.

William Ury, El poder de un no positivo. Cómo decir NO y si embargo llegar al SI, Barcelona, Editorial Granica, 2007.

[8] Rhode, Deborah L., Lawyers as leaders, Nueva York, Oxford University Press, 2013.


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De vuelta al caso Cassez-Vallarta

De vuelta al caso Cassez-Vallarta

La Maestría en Derecho Penal Presencial tiene una especialización en temas de vanguardia penal. A partir del estudio del derecho penal económico, el derecho internacional penal y el compliance, se busca generar un verdadero cambio en las formas de comprensión, entendimiento y aplicación de las reglas penales.

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Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Un magnífico documental de Netflix, basado en la premiada obra de Jorge Volpi “Una novela criminal”, ha traído de vuelta a la opinión pública mexicana el caso de Florence Cassez e Israel Vallarta. 

El estreno de la serie de cinco episodios no pudo haber sido más oportuno, pues nos encontramos en un momento de discusiones políticas de gran trascendencia sobre el modelo de seguridad y justicia que requiere el país, con temas tan relevantes como la militarización de la Guardia Nacional o el uso abusivo de medidas cautelares como la prisión preventiva. 

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En el documental, tal como lo describe Volpi en su libro y como también lo narra con mucho conocimiento del caso Emmanuel Steels en su obra “El teatro del engaño. Cassez-Vallarta: historia de un montaje”, asistimos impávidos al desarrollo de un tremendo montaje televisivo en el cual no solamente hubo una “representación ajena a la realidad” (tal como fue calificado el montaje por la Primera Sala de la Suprema Corte), sino también a actos de tortura en vivo, que se pudieron ver a través de las dos principales televisoras del país sin que a ningún conductor o responsable de la producción le pareciera indecente el maltrato que todos pudimos atestiguar a Israel Vallarta.  

Según el documental, solamente Laura Barranco de Televisa parece haber sugerido que se interrumpiera la transmisión en el noticiero conducido por Carlos Loret de Mola. Pero eso no aconteció, para agravio de las audiencias, de las personas detenidas y desde luego para vergüenza de las autoridades que fabricaron un supuesto rescate más falso que una moneda de tres pesos. 

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Pero también resultan impresionantes los testimonios recogidos en la serie de Netflix de los Presidentes Nicolás Sarkozy de Francia y Felipe Calderón de México. Duele recordar cómo el ego de dos “gallos” de la política, ambos “de mecha corta” como se suele decir en México, llevó la relación entre ambos países al punto más bajo en el último siglo y medio. Nadie quiso ceder y abundaron las provocaciones de un lado y de otro. El resultado fue malo para ambos mandatorios y para ambas naciones. 

Igualmente impresionante es el testimonio del Ministro Arturo Zaldívar, hoy Presidente de la Suprema Corte y hace una década autor del primer proyecto que propuso la liberación de Cassez (el cual a la postre resultó aprobado cuando lo hizo suyo la Ministra Olga Sánchez Cordero). Cuenta Zaldívar frente a la cámara que en esa época entraron en su domicilio buscando información que lo pudiera comprometer y que fue detenido su vehículo mientras iba con su familia por sujetos que les estuvieron apuntando con armas largas durante varios minutos. Se trata de intimidaciones totalmente inaceptables en cualquier Estado de derecho. 

Otro testimonio que aparece en el documental y que deja una sensación agridulce es el de Eduardo Margolis Sobol, una especie de protector de la comunidad judía de la Ciudad de México, que da a entender que tenía un amplio manejo de los mandos policiacos federales durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Parece ser el verdadero poder tras el trono. Existe la hipótesis de que todo el caso se inicia por una rencilla de negocios entre el hermano de Florence Cassez y Margolis. De hecho, Cassez habla por teléfono con él desde Francia, una vez que ya está en libertad, en un tono amable y hasta afectuoso. Ella misma muestra arrepentimiento del contenido de la llamada, hacia el final del documental. Quizá hubiera sido más lógica y comprensible una llamada de reproche o de exigencia de explicaciones. Cada quien elige las palabras con las que se dirige a los demás y la manera de plantear sus propias dudas. 

©Netflix

Finalmente la historia terminó bien para Cassez, en la medida en que pudo recobrar la libertad, pero todavía es incierto el destino de Vallarta, quien sigue preso y no ha recibido ni siquiera una sentencia de primera instancia (lo cual no necesariamente es imputable a las autoridades que conducen los respectivos procesos judiciales en su contra, sino tal vez a una equivocada estrategia de defensa). Varias voces oficiales afirman en el documental que contra Vallarta existen acusaciones adicionales a las que se formularon contra Cassez, razón por la cual no se le puede aplicar el precedente que permitió poner en libertad a la ciudadana francesa. 

En todo caso, es muy recomendable ver el documental, que está bien contado y contiene una narración muy ágil del caso. Se trata de un poderoso recordatorio de todo lo que debemos evitar, hoy y siempre, en materia de procuración e impartición de justicia penal. 

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La justicia en México: todo una novela

La justicia en México: todo una novela

La librería del Centro Carbonell se distingue por contar con los mejores títulos de especialización jurídica y de literatura. Además, es el único lugar donde encontrarás todas las publicaciones CEC. Conoce nuestro extenso surtido de libros.

@HeberardoConH

“El culpable de un homicidio está libre y el inocente está en prisión, justamente al revés de lo que dice la Constitución que tú juraste defender”.

Justicia, Gerardo Laveaga  

El montaje llega a Netflix. El caso Cassez-Vallarta: una novela criminal, se estrenó, exhibiendo un sistema político, jurídico, social, putrefacto. Mientras tanto, la justicia envejece marchitando la fe. Comparto la sincronía de tres reseñas de grandes obras y autores.

Llegó a mis manos “una novela criminal” de Jorge Volpi en el mejor momento, como las cosas buenas que llegan para quedarse en tu vida que me permitió observar desde sus páginas el enorme aparato del sistema jurídico y político mexicano. Varios factores me envolvieron para no dejar de leer, primero, haber leído el libro que coordinó Miguel Carbonell “Florence Cassez. El juicio del siglo”, contando ya con los antecedentes del caso desde una perspectiva jurídica; segundo, la historia que motivó a su autor para escribir esta novela documentada, viajes, entrevistas; horas y horas de lectura de un expediente; años de esfuerzo para presentarnos 492 fabulosas páginas y, tercero, la coronación de su labor al ganar el Premio Alfaguara 2018 me entusiasmó que un escritor mexicano ganara ese reconocimiento.

Al concluir la novela admiré el profesionalismo y pulcritud de su escritura, y confieso que me quedé con un extraño sabor, nada dulce, en donde nos dibuja con claridad el sinuoso camino de la corrupción e impunidad al terminar de leerla; también me invitó a reflexionar sobre la carrera que he ejercido durante 20 años (abogacía), pero sobre todo con quien representa nuestras instituciones.

Me encontré con reseñas fabulosas de la obra, análisis y aportaciones nacionales e internacionales, en donde cada una aportaba diversas ópticas desde la historia misma, recorriendo con maestría los fracasos laborales, sentimentales de Israel Vallarta y Florence Cassez, pasando por las entrañas del poder, demostrando la debilidad de sus hombres e instituciones, palabras perfectamente acomodadas que hacían justicia al trabajo de investigación del autor.

Al concluir la novela de Jorge Volpi me dejó una adrenalina literaria que me permitió volver a leer la obra “El juicio del siglo”. Ahora las aportaciones jurídicas tenían rostro, historia, sangre, sufrimiento, angustia, no solo una realidad legal.

El libro publicado por el Centro de Estudios Carbonell me permitió conocer una fascinante introducción del tema por parte de su director, Miguel Carbonell, pasando por dos ejes fundamentales: el estudio que realizara Héctor De Mauleón “Florence Cassez: La verdad secuestrada” y que fue fundamental como parte de la estrategia para dar otra óptica a la opinión pública. “Lo leí sin pausas y sin tregua, poniendo toda la atención en comprender lo que De Mauleón  iba narrando con magistral elocuencia, pero también (con el paso del tiempo y con un mejor conocimiento del expediente me fui dando cuenta) con una capacidad de síntesis”. Segundo, por la sentencia del entonces Secretario de Estudio y Cuenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Javier Mijangos y González, que fue pieza fundamental en la historia jurídica de Cassez.

La estrategia era clara por parte de los abogados defensores de Florence Cassez, contrarrestar la sentencia que había dictado una sociedad mexicana a través del único “medio probatorio” que tenían: el montaje televiso. Miguel Carbonell, al terminar de leer el texto del subdirector de la revista Nexos Héctor De Mauleón, nos refiere: “…Me quedé con muchas dudas ¿cómo era posible que, con tantas contradicciones y ausencias de certeza, los jueces mexicanos se hubieran atrevido a condenar a Cassez a pasar varias décadas de su vida en la cárcel?”.

La combinación de la novela de Volpi con la obra jurídica de Carbonell fue enriquecedora, pero cuando pensaba que había dejado en el pasado a Israel Vallarta y a Florence Cassez, el destino (por llamarlo de alguna manera), se empeñó en que no abandonara ese giro literario y leí la novela de Gerardo Lavega “Justicia”de la misma casa editorial Alfaguara.  Una novela, también fascinante, de ficción, todo lo contrario a la de Volpi que era no ficción, pero con una gran, gran similitud, obedeciendo esto a la capacidad literaria y experiencia de su propio autor, Gerardo Laveaga, quien nos lleva de la mano en un recorrido íntimo y tenebroso de los caminos de la justicia en nuestro país, sus instituciones, sus hombres, sus mujeres, la situación de una época del México que pensábamos habíamos dejado en el pasado, pero que solo ha cambiado su forma, mas no su fondo.

Tal vez si hubiera leído en el año de su publicación el libro “Justicia” (2012) no hubiera tenido el mismo impacto como lo tiene ahora esta trilogía de grandes autores: Volpi, Carbonell y Laveaga son la justificación del título de este texto. Pero más allá de una delicia literaria, la trascendencia en sus resultados es importante en la vida cotidiana, de donde el debido proceso fue un antes y un después a raíz del caso de Florence Cassez.

La base de este texto la divido en dos partes: indiferencia ciudadana y sentencia prematura; procuración e impartición de justicia.

Indiferencia ciudadana y sentencia prematura

Confieso que, antes del libro de Volpi y Carbonell, lo único que conocía del caso de Florence Cassez era: “mujer francesa, secuestradora, en la cárcel, liberada tiempo después”, literalmente. No sabía de la existencia de Israel Vallarta, no supe del montaje, con esta información era digno representante de un segmento de la población mexicana, tal vez, porque dejé de creer en los noticieros televisivos; una clara indiferencia a los temas nacionales por estar enfrascado en resolver una problemática local, ya sea laboral o familiar, entre otros temas subjetivos. En contraste, otro sector de la ciudadanía que observó detalle a detalle los acontecimientos del montaje del arresto a los secuestradores Israel Vallarta y Florence Cassez, en donde las dos principales televisoras se prestaron para realizar un montaje de un arresto que nunca sucedió como lo plasmaron, existiendo una obsesión vulgar por entretener a un público que cada vez más es conquistado por las redes sociales.

Con el montaje televiso la población juzgó y sentenció a quienes nos mostraron como la principal banda de secuestradores en México, el caso de la secuestradora francesa ya formaba un capítulo más en donde la justicia había hecho su labor.

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La historia, ficción, que nos presenta el libro “Justicia” nos muestra una indiferencia ciudadana por algún sector de la población, así como otra de interés colectivo. Podemos observar un taxista maldiciendo el tráfico como principal causa de su escaso ingreso. Un académico que ingresa a las filas de una corporación como titular de la Procuraduría General de Justicia, como la oveja que le cuesta la vida perder su inocencia al caer la noche con una manada de lobos feroces. Una estudiante de derecho que sueña transformar este país a través del derecho. Una adolescente asesinada, un asesino que no es, pero que cambia su declaración. Una Suprema Corte de Justicia de la Nación que la mueven los intereses personales. Un Senador de la República que lo asfixia su propio poder.

Procuración e impartición de justicia

Jorge Volpi nos lleva, capítulo a capítulo, a un México que no ha avanzado, en donde el montaje televisivo fue fraguado desde los altos mandos del poder político en el país, como aquellas aberrantes decisiones que tomaba al calor de las copas y lujuria Alfonso “El Negro” Durazo en el sexenio de José López Portillo.

De torturas, mentiras, violaciones, mutilaciones está impregnada una novela criminal, llevando como cereza en el pastel los egos políticos de los titulares de dos grandes naciones como México y Francia, una diplomacia más simulada que el engaño televisivo entre los presidentes Felipe Calderón y Nicolás Sarkozy.

Entre todos los capítulos de esta desafortunada historia quiero destacar los episodios relativos a los ministros de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde nos muestran de cuerpo completo las personalidades de sus cinco integrantes, teniendo como responsable de la elaboración del proyecto al ministro Arturo Záldivar Lelo de Larrea, quien en su propuesta determinó que existía, de manera innovadora, el efecto corruptor  en donde mencionaba una serie de violaciones a los derechos humanos que hacían imposible la retención en prisión de Florance Cassez.

prision o votacion de propuestas de jueces

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El resultado del proyecto no alcanzó los votos necesarios para que se resolviera y en tal situación se turnó a otro ponente para la elaboración de uno nuevo, en donde correspondió a la ministra Olga Sánchez Cordero; dejaron pasar algunos meses para este proyecto y con esto daba pauta a la jubilación de uno de los ministros integrantes, lo que permitirá tener una nueva versión de la votación con el entrante. Así tal cual sucedió y, en una inusitada estrategia, la ministra reviró su proyecto inicial para suscribir íntegramente el presentado meses anteriores por Záldivar. Sin duda vale la pena leer con detenimiento cómo nos muestra Jorge Volpi las sesiones de la Primera Sala de la Corte, y el resultado lo conocemos: la inmediata libertad de Florence Cassez.

A partir de la sentencia de la Corte entró en el lenguaje común el concepto del debido proceso como único instrumento para la persecución de los delitos, nos refiere Arturo Zaldívar en su artículo, lo que permitió la trascendencia de mejorar la procuración e impartición de la justicia, evidenciando la debilidad de sus instituciones.

“Calderón llegó a afirmar que el mayor error de su gobierno fue nombrarlo ministro, y para Záldivar (Arturo), la frase es uno de los mayores halagos de su carrera”. Con esta frase enmarcamos el verdadero significado de la presión del poder presidencial y la rectitud de uno de los integrantes del máximo tribunal en México, nos expone Volpi en su obra. Por otro lado, la novela de Gerardo Laveaga nos muestra una ficción nada alejada de la realidad: el asesinato de una adolescente en pleno informe del Jefe de la Ciudad de México, en medio de una multitud se consumó un homicidio sin que nadie se percatara de la situación. La indiferencia ciudadana, envuelta en su problemática, no permitió observar el cruel asesinato de una menor, a quien le torcieron el cuello y abandonaron su cuerpo con una nota, como si fuera una bolsa de basura en el boulevard.

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¿El culpable? No importaba, resolver era la prioridad. ¿Quién fuera? Claro, tenían que dar solución a la exigencia inmediata y que “cayera todo el peso de la ley” ¨privilegiando el Estado de derecho”, esas fueron las instrucciones del gobernador capitalino; así que daba lo mismo agarrar al primer sujeto que entrara al penal y seducirlo para que aceptara echarse la culpa de un homicidio que no cometió, pero el asesinato de Lucero Reyes tenía que ser una respuesta inmediato al electorado.

La mejor amiga de Lucero Reyes sabía que el culpable que había seleccionado la Procuraduría no era el asesino; sentía una angustia y pavor por delatar al verdadero homicida, y estaba en juego no solo la amenaza natural de delatar a alguien; era más grande el problema, era la persona con la que había vivido toda su corta vida quien abusaba de ella durante los últimos años, su padre, de oficio taxista.

El papel de la Corte en la novela de Laveaga es protagónico. La seducción del poder político a través de uno de sus representantes populares en la Cámara Alta del Congreso de la Unión se ve obligado a dejar al verdadero asesino en libertad, pagando una afrenta política a través de presiones personales de la Procuraduría de Justicia capitalina.

La historia de la mejor amiga de Lucero Reyes toma un cause distinto a raíz de una decisión tomada en un escritorio que permitió un horroroso desenlace de toda una familia.

Es cierto lo que nos dice Miguel Carbonell: “Hay libros que nos cambian la vida, o, al menos nos cambian la forma de ver la vida”.

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El poder de la literatura es mayúsculo, la ficción nos lleva a lugares inexistentes, a viajar en el tiempo, a predecir el futuro, así como nos enseñó el gran Julio Verne en sus obras; la imaginación debe ser más rápida que nuestra realidad, que nuestro entorno, sin embargo, cuando la realidad es igualada e incluso superada por la ficción, solo lleva a concluir que: la justicia en México es toda una novela.

Estas tres obras nos dejan claras enseñanzas. Los medios de comunicación señalan culpables y la sociedad, a través de sus mecanismos (redes sociales), dictan sentencia; dejar en manos del pueblo la justicia es olvidar que ya se cometió un grave error con la sentencia de Poncio Pilatos al condenar a Jesucristo y liberar a Barrabás por determinación popular.

A partir de la sentencia de la Corte cambió la justicia mexicana y convirtió el asunto en algo de enorme trascendencia, en donde el debido proceso tomó verdadera relevancia, evidenciando la debilidad de las instituciones.

A raíz de su fallo es muy pronto para determinar si ha tenido un efecto en las prácticas policiales y en el quehacer diario de los jueces. Solo el tiempo nos dirá si la sentencia de Cassez fue tomada como una oportunidad histórica para cambiar las cosas.

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El debido proceso sería un buen lugar para comenzar, pues se ha convertido en una camisa de fuerza que es la que permitirá la confianza de que la autoridad se encuentra obligada a resolver un crimen sin violar los derechos de las personas. Lo que diferencia a un gobierno de una banda criminal es eso, el apego a la legalidad, porque en ambos (criminales y gobierno) siguen protocolos y rituales.

En ausencia de reglas claras y confiables lo único que logrará será acentuar las diferencias y las desigualdades, por eso el debido proceso constituye la certeza jurídica que abraza un ciudadano común y corriente frente al aparato gubernamental; mientras el Estado tenga limitaciones jurídicas, privilegiando los derechos humanos y fundamentales estaremos avanzando a un verdadero estado de derecho. Las novelas de ficción y documentadas aquí narradas, dejan un camino que debemos de pavimentar con buen material, con verdaderos contrapesos del poder y no simulando.

Es cierto lo que nos refiere Luis Rubio: “…El Estado de derecho no es una cuestión de prisas sino de acumulación de hechos y experiencias…”, en donde el debido proceso es un buen inicio en este largo camino por recorrer y nunca olvidar que cada historia en un penal puede ser “una novela criminal” en busca de “justicia”.


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Váyase despidiendo de su trabajo, le queda poco tiempo en él

Váyase despidiendo de su trabajo, le queda poco tiempo en él

Segundo Congreso Nacional de Derecho Laboral evento de dos días en la Ciudad de México, en las que los protagonistas de la transformación laboral compartirán su conocimiento, experiencias y perspectivas respecto a los pilares de la reforma. Se trata de la reunión de abogados, líderes sindicales, trabajadores, funcionarios públicos y empleadores de todo el país que quieren comprender la esencia del Derecho del Trabajo, analizar los resultados conseguidos en los años pasados y adquirir herramientas que les permitan ejercer de la mejor manera su responsabilidad en la relación laboral.

Miguel Carbonell <strong><a href="https://miguelcarbonell.me/wp-admin/post.php?post=5586&action=edit#_ftn1">*</a></strong>
Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Uno de los impactos más contundentes del gran cambio tecnológico que está viviendo el mundo se va a dar en el sector del trabajo. Los empleos tradicionales se verán afectados y mucha gente tendrá grandes dificultades para conseguir ubicarse en un mercado laboral que será tanto ferozmente competitivo como altamente inestable. La idea romántica de tener un trabajo desde la juventud hasta el momento de la jubilación ha pasado ya a la historia. 

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Estamos a punto de entrar en un periodo de tiempo en el que muchas profesiones se volverán obsoletas. Los programas de software van a sustituir dentro de nada a los contadores, ya que podrán hacer los cálculos de lo que tenemos que pagar de impuestos con mayor precisión, en menos tiempo y con un menor costo.  

El número de choferes de taxis disminuirán hasta casi extinguirse cuando se popularicen los coches que se manejan sin conductor, lo que según los expertos sucederá entre los años 2030 y 2040. Las miles de personas que trabajan en los supermercados reabasteciendo los anaqueles y cobrando a los clientes en las cajas también perderán su trabajo, ya que todas esas tareas serán realizadas por robots.  

Los empleados en las agencias de bienes raíces cada vez tienen menos clientes, los cuales buscan casas por internet y se ahorran las comisiones que les cobraban los agentes inmobiliarios en el pasado. 

Hace unos años parecía impensable que desaparecieran las agencias de viajes; hoy es difícil sino es que imposible encontrar alguna de ellas en las grandes ciudades. Las pocas que siguen abiertas atienden solamente a personas adultas mayores que no son capaces de comprar un boleto de avión o hacer una reservación de hotel por medio de internet. Es lo mismo que le va a pasar a otros sectores de servicios, industriales o comerciales. 

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La masificación de las redes sociales y el uso intensivo de internet por miles de millones de personas alrededor del planeta protagonizan en buena medida los grandes cambios que estamos viendo. Empresas que tienen pocos años de ser creadas y que se manejan con poquísimos empleados adquieren un valor altísimo en un mercado dominado por la tecnología.  

Cuando en febrero de 2014 Facebook compró la empresa de mensajes telefónicos WhatsApp por 19 mil millones de dólares, en esa empresa trabajaban solamente 33 personas. Cuando la misma Facebook compró Instagram, la red para intercambio de fotografías, en un precio de mil millones de dólares, en ella trabajaban solamente 13 personas. Cuando una industria clásica de ese sector, como lo es Kodak, se declaró en bancarrota a principios del 2012, tenía una nómina de 145 mil empleados. 

Un conocido estudio de la Universidad de Oxford señala que el 47% de todos los sectores laborales se verá afectado por la revolución tecnológica producida por internet y por las redes sociales ya que sus puestos de trabajo podrán ser automatizados (es decir, realizados por máquinas y no por seres humanos) en las siguientes dos décadas. El futuro ya nos alcanzó. 

Los puestos de trabajo que tienen mejores perspectivas de futuro son aquellos vinculados con la innovación y el pensamiento crítico. Las personas que puedan desarrollar nuevos programas de software o que encuentren aplicaciones que resuelvan problemas cotidianos de la gente mediante el uso de la tecnología es probable que obtenga gigantescas ganancias. 

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También tienen buenas perspectivas las profesiones que requieren forzosamente de seres humanos para ser llevadas a cabo. Por ejemplo, es poco probable que se pueda sustituir el trabajo que hace un dentista, un bombero, un actor profesional o un cantante de ópera. La tecnología va a permitir que el dentista pueda revisar a un cliente de manera remota o que cuente con un brazo mecánico para practicarle una endodoncia desde otra ciudad, pero la valoración profesional que el dentista pueda hacer de la dolencia de su paciente es poco probable que pueda ser sustituida por una máquina.  

Los actores y los cantantes de ópera seguirán estando bien pagados y sus espectáculos se verán alrededor del mundo por miles o millones de personas; nadie va a preferir una película protagonizada por un robot si puede ver una en la que aparezca George Clooney, por ejemplo. 

La clave que hay que atender, como ha sucedido ya en otros periodos de la historia humana marcados por profundos cambios tecnológicos (como lo fue la era de la primera revolución industrial y el momento en el que se da el surgimiento de las máquinas de vapor), reside en el sistema educativo. Necesitamos ayudar a las personas para que estén preparadas no para ir a pedir trabajo, sino para crear por sí mismas uno.  

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Necesitamos que nuestros jóvenes dejen de repetir de memoria lo que los profesores les dictan y se pongan a aprender las destrezas necesarias para hacer nuevos programas de software. Es mejor ver a un adolescente desarrollando habilidades para terminar de programar un videojuego (como hacen los niños en Corea del Sur desde los 6 años) que pedirle a ese mismo joven que perfeccione durante meses y meses la letra cuando escribe a mano. 

Para poder lograr que las siguientes generaciones sean competitivas en un entorno laboral tan exigente, necesitamos que los niños vayan a la escuela desde los niveles preescolares, ya que es desde los primeros años de vida cuando se pueden desarrollar la imaginación creativa y el pensamiento crítico que los haga ser en el futuro personas innovadoras.  

En otras palabras, necesitamos darnos cuenta de lo mucho que está cambiando el mundo y necesitamos invertir como nunca en la transformación de nuestros sistemas educativos, para hacerlos realmente útiles y modernos. Si no lo hacemos o si lo hacemos demasiado tarde, es probable que el cambio tecnológico arrase con nosotros. 


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Familias en guerra

Familias en guerra

Centro Carbonell presenta un renovado plan de estudios de la Maestría en Derecho Familiar, con clases presenciales en la Ciudad de México para debatir, analizar, discutir y proponer modelos jurídicos a la altura de los cambios sociales, personales y familiares. Conceptos como el matrimonio, el concubinato, la diversidad sexual, la adopción, el interés superior de la niñez, la pensión compensatoria, la perspectiva de género, serán reevaluados para determinar sus significados y alcances. 

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Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

Según datos del INEGI, la materia en la que mayor número de procedimientos jurisdiccionales se plantean cada año en México es el derecho de familia. Cuando se visita un juzgado que tiene competencia en asuntos familiares se nota enseguida el desbordamiento de los casos. No es infrecuente ver expedientes en el suelo, en los escritorios, en sillas, invadiendo cada espacio disponible. Seguramente ninguna rama del derecho está tan desbordada y trabaja con tantas limitaciones como el derecho familiar.  

Del año 2000 al 2019 la tasa de divorcios tuvo un incremento del 205% y hoy en día es probable que una de cada dos parejas que contrajo nupcias terminan divorciándose. Hay quienes señalan que, de seguir así la tendencia de rupturas matrimoniales, en el año 2030 habrá 66 divorcios por cada 100 matrimonios. 

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Pero además de los elementos puramente estadísticos, que sin duda son importantes, hay que destacar la fiereza, la virulencia, el odio con el que se desarrollan muchos de los procesos familiares ante los juzgados. Se podrían escribir miles de páginas contando las anécdotas que se observan en los tribunales que deben decidir si los hijos se quedan con papá o con mamá, que deben hacer frente a mil y un hechos de violencia en contra de los cónyuges o de los propios hijos, que deben intentar que la gente pague sus obligaciones de manutención, que conocen de casos de sustracción de menores que luego pasan a la competencia de jueces penales y un largo etcétera. 

Mientras que la discusión nacional no deja de estar enfocada en el triste papel de nuestra clase política, las familias en México están librando una guerra como no se había visto en ninguna época anterior de la historia del país. Hay que encender las alarmas y advertir que algo no está funcionando bien en esas células elementales de la sociedad que son las familias.    

familia

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Lo curioso es que la descomposición familiar que se observa en miles de expedientes que tramitan cada año los juzgados competentes, se ha producido cuando los avances en el tratamiento jurídico de las familias han sido más notables. Hace años hubiera sido impensable el matrimonio igualitario, el divorcio sin expresión de causa, la custodia compartida, la pensión compensatoria, la llamada comaternidad, el concepto de “voluntad procreacional” para establecer vínculos de filiación y muchos otros cambios que se han producido en el derecho mexicano de familia.  

Es paradójico que tales cambios no hayan logrado el mejoramiento de la vida de las familias. O quizá sí, puesto que tal vez el incremento en los divorcios ha impedido que personas que no se llevan bien sigan viviendo juntas o que no estén obligadas a fingir una relación marcada más por el aburrimiento que por el amor. 

Lo que resulta más preocupante es que subsisten graves pautas de violencia de todo tipo al interior de las familias. Lejos de idealizar la convivencia entre sus miembros, los juicios en materia familiar acreditan que los abusos entre sus miembros son constantes. En casos extremos se observan violaciones y abusos sexuales, o incluso feminicidios. Pero incluso en casos menos graves no es extraño constatar violencia psicológica constante (insultos, faltas de respeto, menosprecio, abandono emocional), violencia económica (uno de los cónyuges controlando los recursos financieros de la familia y limitando su uso por parte del otro cónyuge) y violencia patrimonial. 

violencia familiar

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No será fácil que en un entorno familiar tan complicado las personas se puedan desarrollar a plenitud y logren la realización de sus sueños. Como sociedad, tenemos que preguntarnos qué hemos hecho mal y qué debemos mejorar para que la convivencia familiar sea más armónica, más pacífica y más feliz.  

No hay duda de que hay muchísimas familias que han logrado una relación espléndida entre sus integrantes. Enhorabuena por ello. El problema es que un porcentaje creciente de familias no lo logra y, por el contrario, va construyendo pequeños infiernos en los que suelen salir muy lastimadas las personas más vulnerables y que no pueden defenderse, como las niñas y los niños.     

Se trata de un tema en el que deberíamos estar mucho más alertas y buscando soluciones. La política sin duda es muy relevante y tenemos que fijarnos en lo que hacen o dejan de hacer los representantes populares, pero una sociedad mejor y más avanzada se debe construir sobre la base de relaciones familiares sanas. Y eso no lo estamos logrando. 


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El caso de Florence Cassez: una breve nota

El caso de Florence Cassez: una breve nota

Con el curso on demand de Especialista Certificado Razonamiento Probatorio, Obtendrás herramientas para probar hechos y aspectos jurídicos, metodología para el desahogo de pruebas. Adquirirás habilidades de litigación oral, sobre todo en relación al interrogatorio y contrainterrogatorio de testigos. Podrás aplicar y ejercer mejor el derecho mediante un entendimiento racional de todo el proceso probatorio en el ámbito jurisdiccional. 

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Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

El 9 de diciembre de 2005 policías de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), que dependía de la Procuraduría General de la República, detuvieron sobre la carretera libre México-Cuernavaca a Florence Cassez e Israel Vallarta. A partir de ese momento comenzó una de las farsas judiciales más memorables en la historia de México. 

Tuvieron que pasar 7 años para que la Primera Sala de la Suprema Corte, gracias a los decisivos votos de los ministros Arturo Zaldívar (autor original del proyecto de sentencia que fue finalmente aprobado), Olga Sánchez Cordero y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena ordenaran la libertad inmediata de Florence Cassez y pusieran un alto a la serie de errores y violaciones constitucionales que se cometieron en su contra. 

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No hace falta recordar ahora el vergonzante “montaje televisivo”, admitido por las propias autoridades en complicidad con Televisa y TV Azteca; no hace falta traer a colación una vez más la debilidad de los testigos, que se desdijeron una, dos y hasta tres veces respecto de sus versiones originales; no viene al caso citar los testimonios de descargo, de personas que entraron en la cabaña en la que supuestamente estaban los secuestrados y no vieron nada (el jardinero que limpiaba el jardín en el rancho de Israel Vallarta, por poner un ejemplo); no vale la pena traer a colación las enormes mentiras de los policías encargados de realizar el operativo, quienes ni siquiera se pudieron poner de acuerdo en la hora a la que lo realizaron (me refiero al operativo verdadero, no al que recrearon, al día siguiente, frente a las cámaras de Televisa). Todo eso es conocido y nadie ha movido ni un dedo para desmentirlo. 

De todos los libros que se han publicado sobre el famoso caso Cassez, ninguno (ni uno sólo), ha sido para denostar la sentencia de la Suprema Corte o para avalar las trapacerías de la PGR. Obras de autores tan respetables como José Reveles, Luis de la Barreda Solórzano o Emmanuel Steels han venido a subrayar las mentiras de la maquinaria oficial que se puso en marcha para masacrar a dos personas (Florence Cassez e Israel Vallarta), pero que en realidad funcionaba de la misma manera respecto a muchísimos otros detenidos cuyo único delito es el de ser pobres, no tener contactos, no haber podido darle mordidas a sus aprehensores, o ser demasiado poco inteligentes para haber caído en las redes del sistema penal mexicano. 

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Todavía hoy, para escándalo y vergüenza nacional, hay quienes -sin haber leído ni el expediente original ni la sentencia de la Suprema Corte-, piensan que la liberación de Cassez fue un exceso, ya que en efecto es una “secuestradora”. Suelen ser las mismas personas que llevan años defendiendo la pena de muerte, las mismas que nunca se han preocupado por las miles de detenciones arbitrarias que se realizan en México, las mismas que nunca han elevado la voz por los desaparecidos y las mismas que (precisamente) se han enriquecido haciendo negocios con dinero público y privado gracias a que se publicitan como “víctimas” o defensoras de las víctimas.  

Varios años después de esa gran sacudida nacional que fue y sigue siendo el caso Cassez debemos valorar como nunca la importancia del debido proceso legal, el daño que le hacen a la justicia las autoridades que presentan ante los medios de comunicación a los detenidos, la relevancia de la presunción de inocencia y la imperiosa necesidad de tener una Suprema Corte integrada por personas que no se dejen presionar. 

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Casos como el de Cassez deben generar una “pedagogía nacional” para que no se vuelvan a repetir y para que todos pongamos más atención en el quehacer de las autoridades. Infortunadamente todo parece indicar que el clima de la opinión pública es contrario a todos los valores que la Corte nos enseñó que son importantes al decidir el caso Cassez. Y ni hablar de las autoridades: ellas siguen viviendo en el espacio exterior. Nada les interesa ni les preocupa en relación a los derechos humanos de los detenidos. Sin embargo, el caso Cassez inauguró una época en la reflexión sobre ese tema. Es nuestra responsabilidad contribuir a que no se olvide. 


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Diez cosas que nadie te explica en la carrera de Derecho

Diez cosas que nadie te explica en la carrera de Derecho

Logra valor agregado en tu ejercicio profesional a través de cursos y diplomados. Especialízate en áreas del derecho que te van a abrir muchas oportunidades profesionales.

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Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

El 31 de agosto de 2015 tuve el honor de darles una conferencia a los estudiantes de la carrera de derecho de la FES-Aragón. Quise ofrecerles un breve elenco de algunas cuestiones que son del todo relevantes para su futuro profesional (y para el de cualquier estudiante de derecho) pero que, de forma bastante inexplicable, es del todo probable que nadie se las explique a lo largo de su carrera.

Son las siguientes: 

1. Aprende un idioma poco común.  

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Doy por hecho que el inglés es indispensable para la vida personal y profesional en el siglo XXI. No hace falta insistir en ello. Quien no lo entienda y lo tenga claro simplemente está desperdiciando su presente y poniendo trabas a su futuro.  

Pero lo que considero que puede ser un poderoso activo en su formación como futuros abogados es dominar un idioma extranjero diferente del inglés. Eso les va a abrir muchas puertas en el campo profesional. Consideren que México tiene una de las economías más abiertas del mundo. Son muchas las empresas que vienen a México a hacer negocios y que requieren de asistencia jurídica en múltiples aspectos.  

Por otro lado, tenemos fuertes inversiones extranjeras en temas como el turismo, la energía (petróleo, gas, electricidad), el sector automotriz y el transporte. Tendremos mucha ventaja sobre nuestra competencia si nos podemos comunicar con nuestros clientes en su propio idioma. 

2. Especialízate 

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La época de la práctica jurídica “generalista” llegó a su fin. Por una parte, es muy complicado dominar todos los temas jurídicos con cierta profundidad y solvencia; la información en cada rama del derecho es tan amplia que si no nos especializamos nos vamos a quedar en la superficie de todo, pero no vamos a dominar nada. Por otro lado, los clientes buscan abogados que les garanticen que dominan los temas sobre los que les van a prestar asesoría o en los que los que van a defender en juicio.  

Nosotros hacemos lo mismo cuando contratamos cualquier tipo de servicio. Pensemos en un ejemplo un tanto obvio y hasta banal: si queremos comer una buena pizza, ¿iremos a un restaurante en el que sirven pizzas, carnes, ensaladas, comida japonesa, comida china, tacos y hamburguesas o iremos a un restaurante que se especializa solamente en servir pizzas y dedica todo el tiempo y el talento de sus cocineros en hacerlas lo mejor posible? La respuesta es obvia para el caso de la pizza; debe ser igualmente obvia para el caso de la prestación de servicios jurídicos.  

La especialización es una de las claves del éxito y nos debe llevar incluso a descubrir pequeños nichos de oportunidad en el que seamos los mejores o tal vez hasta los únicos que ofrecemos servicios jurídicos. 

3. Aprende a cobrar por tu trabajo  

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A todos nos ha pasado en algún momento; tan pronto nuestros familiares o amigos se enteran que estamos estudiando derecho, te consultan cualquier tipo de cuestión que se les ocurra, por extravagante o extraña que sea. Eso sí, les tienes que dar asesoría jurídica gratuita, ya que piensan que no te cuesta nada poner a su servicio tus conocimientos. 

Pero lo cierto es que sí cuesta aprender derecho. Y cuesta mucho. No solamente porque tenemos que invertir tiempo de nuestros mejores años en formarnos (y tendremos que seguir estudiando a lo largo de toda nuestra vida), sino porque además tenemos que comprar materiales para el aprendizaje del derecho y pagar la colegiatura en caso de que asistamos a escuelas privadas.  

El derecho es una actividad profesional como cualquier otra. Ganar dinero con la práctica profesional de la abogacía es algo legítimo. No hay que regalar nuestro trabajo u ofrecer de forma gratuita nuestros conocimientos tan duramente aprendidos.  

Puede ser que algunos abogados se dediquen a prestar servicios gratuitos para su comunidad o que funden una ONG para representar a personas pobres. Son personas ejemplares, que se guían por la bondad y el desprendimiento. Pero todos los demás profesionales de la abogacía tienen derecho a cobrar por sus conocimientos, asesoría o patrocinio de asuntos, sin sentir vergüenza o sin pedirlo con pena. 

4. Cuida tu imagen 

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Cuando uno es estudiante y tiene que despertarse muy temprano para llegar a la primera clase del día, pasando a veces largos ratos en el transporte público que viene siempre lleno, es normal que se quiera vestir con cierta comodidad. Yo he tenido muchos alumnos que llegan a la Facultad de Derecho vistiendo ropa deportiva, en chanclas o pantalones cortos. No me molesta para nada. Pero ese no es el tipo de imagen que se requiere en el ámbito profesional. 

Hace poco unos colegas profesores discutían en Facebook si utilizar corbata añadía o no algo a la calidad profesional de los abogados. Se trata de un asunto que ni siquiera tendría que ser discutido: si quieres llevar asuntos que de verdad valgan la pena o relacionarte con clientes que te permitan pagar la renta de tu despacho, desde luego que debes usar corbata (en el caso de los caballeros) o trajes sastre (en el caso de las damas).  No lo necesitas si tu vida consiste en dar clases de filosofía del derecho, pero cuando aspiras a hacerte cargo de asuntos que llegan hasta la Suprema Corte más vale que además de saber mucho derecho, lleves un atuendo que te haga parecer abogado.  

Recuerda que nunca se puede ser ni elegante ni educado en exceso. La buena educación y la buena imagen nunca sobran. Por el contrario, te pueden abrir muchas puertas y abonar al éxito profesional. Cuida tu imagen, pues a partir de ella –nos guste o no- las demás personas se forman una primera impresión (que suele ser la más duradera) de nosotros. 

5. Desarrolla una capacidad que te permita diferenciarte de los demás (para bien) 

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Como ya se lo podrán imaginar los estudiantes de derecho, la carrera que eligieron es una de las más demandadas del país. Desde hace muchos años, un número considerable de estudiantes elige formarse como abogado, pensando que con ello podría estar asegurando un buen futuro profesional.  

Lo cierto es que la obtención de un título de licenciado en derecho no te asegura ni que consigas trabajo ni que ese trabajo (cuando lo consigas) sea bien remunerado. 

Por eso debes desarrollar alguna capacidad o competencia que te permita destacar por encima de los demás. Sea el dominio de un idioma, la facilidad de palabra, una red de contactos, el dominio de la jurisprudencia interamericana, el conocimiento del derecho comparado, una gran capacidad de escritura, lo que sea. Desarrollar una habilidad que te permita brillar dentro del gran número de personas con las que vas a competir en el terreno profesional. 

6. Aprende a negociar 

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A lo largo de mis años como estudiante de derecho, escuché a muchos de mis profesores repetir una y otra vez que lo que hacían los abogados (los abogados de verdad, decían) era litigar: patrocinar asuntos ante los tribunales, promover cuanto recurso tuvieran a su alcance, luchar en la defensa de los intereses de sus clientes, ganar los pleitos en los tribunales, etcétera, etcétera. 

Se trata de lo que podríamos llamar “el paradigma litigioso” que concibe como única solución posible para cualquier problema social la de someterlo al conocimiento de un juez, a fin de que se lleve a cabo un proceso que terminará con el dictado de una sentencia y decidirá a cuál de las partes le asiste la razón. 

La mayor parte de los abogados que conozco trabajan asumiendo ese paradigma. El problema que existe es que no se consideran los enormes costos de tiempo y dinero que supone llevar cada problema –grande o pequeño- ante un tribunal.  

Los abogados no siempre están conscientes de que en muchos casos lo mejor para sus clientes es llegar a una solución rápida y eficaz para el problema que tienen, en vez de verse implicados en largos e improductivos pleitos judiciales.  

Necesitamos desarrollar una cultura de la negociación entre los abogados, que evite que muchos asuntos tengan como única solución la vía judicial. De hecho, la Constitución ordena en el artículo 17 que existan leyes que contemplen mecanismos alternativos de solución de controversias, de forma que muchos asuntos se puedan resolver a través de la mediación, la conciliación, el arbitraje y otras vías que puedan ser más baratas y eficaces que un proceso judicial. 

El problema de fondo que van a enfrentar los abogados en este nuevo tipo de enfoques profesionales es su falta de conocimiento de las técnicas de negociación. En la mayor parte de escuelas y facultades del país no solamente no se les enseña a los alumnos a negociar, sino que la idea misma de la “negociación” se ve como perniciosa, ya que se le suele asociar con actos de corrupción. 

Lo que necesitamos es, por tanto, que los abogados aprendan que conviene mucho más a los intereses de sus clientes (e incluso a los suyos propios) llegar a soluciones negociadas y que adquieran las capacidades para poder desarrollar de forma adecuada una negociación. 

7. Busca un mentor

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Hay muchos estudiantes de derecho que piensan que están inaugurando una nueva forma de comprensión de los fenómenos jurídicos. Desdeñan con ligereza lo que sus mayores les puedan enseñar y dicen que ellos van a ejercer la abogacía “a su manera”.  

Lo cierto es que todos tenemos mucho que aprender de quienes tienen más experiencia que nosotros. Muchas de las cosas que más me han servido en la vida me las han regalado con sus consejos varios de los mejores profesores que he tenido. Y no solamente en sus clases, sino a veces en conversaciones de pasillo, tomando un café, o en una reunión informal. Es bueno tener una persona (o varias, si es posible) a la que acudir en busca de consejo.  

Hace unos años me pidieron que promoviera un amparo en nombre de una de las empresas más grandes del país. La verdad es que era mi primer contacto con ese tipo de clientes y no tenía la menor idea de cómo debía hacerles el planteamiento de mis honorarios profesionales; las reglas que, en general, podían aplicarse para el cobro de otro tipo de asuntos que yo había defendido con anterioridad, no eran muy pertinentes. De modo que levanté el teléfono y llamé a un querido amigo, de quien sabía que había llevado asuntos de igual (o mayor) relevancia, para que me diera una pista de cómo cobrar el asunto. Seguí puntualmente su recomendación y me fue muy bien. El cliente quedó contento con el planteamiento y pudimos dar un servicio que atendiera debidamente sus intereses pero que también representara un buen incentivo para nosotros desde el punto de vista económico. Eso fue posible gracias a que tuve la posibilidad de llamar a mi amigo para solicitar su orientación y consejo. Procura tener siempre a quién llamar para ese tipo de casos. 

8. Aprende a tener la razón

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Cuando se trabaja como abogado, no basta con dar opiniones que reflejen inteligencia y comprensión de los asuntos. Para ganar juicios no es suficiente con opinar, sino que se debe aprender a debatir debidamente.  

Para ello cobra mucha relevancia conocer a fondo las técnicas de la argumentación jurídica, saber analizar los hechos particulares de cada caso concreto y articular nuestro conocimiento de las normas jurídicas con los materiales probatorios que le van a dar sustento a lo que sostengamos ante las autoridades judiciales. 

Se trata, en pocas palabras, de dominar la argumentación jurídica pero no en abstracto o a partir de sus teorías, sino respecto de casos concretos; así como de manejar las reglas en materia probatoria que nos van a permitir acreditar nuestras hipótesis. 

Respecto de esto último es cada vez más relevante conocer el funcionamiento de distintos campos de la ciencia; sobre todo si queremos construir argumentos que se puedan acreditar a través de la prueba pericial, basada en conocimientos científicos. Las aportaciones de la ciencia tienen un impacto cada vez más notable para el desenlace de los juicios, de modo que debemos conocer su funcionamiento y alcances para hacerlos valer en nuestro trabajo como abogados. 

Pensemos, por poner el caso más evidente, en la transcendencia de los análisis de ADN para los asuntos penales o familiares. Las pruebas genéticas han permitido lo mismo liberar a personas que llevaban años privadas injustamente de su libertad, que para determinar paternidades y con ello derivar obligaciones en materia de alimentos. En otros campos del derecho, además de las dos ya señaladas, la ciencia tiene un impacto parecido que debemos aprovechar. 

9. Haz listas de pendientes 

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Hay muchos estudios sobre el funcionamiento de la mente humana que demuestran que nuestro rendimiento es menor cuando la sobresaturamos de asuntos pendientes.  

Como abogados es probable que en algún momento de nuestra carrera estemos llenos de trabajo y que se nos acumulen los temas a los que debemos dedicar nuestra atención.  

Nos despertamos preocupados con el vencimiento de un término procesal y nos vamos a dormir pensando en llamar al cliente que no nos ha pagado desde hace varios meses.  

Todos esos temas pendientes nos restan energía, ya que no solamente los tenemos presentes a lo largo de muchas horas (o días, o semanas, o meses), sino que además los recordamos en el momento menos oportuno y hacemos un esfuerzo para que no se nos olviden. 

La forma de contrarrestar ese dispendio de energía mental es hacer una lista de pendientes a la que nos podamos asomar cada mañana para darle un sentido y un rumbo preciso a lo que vamos a hacer.  

Podemos incluso hacer varias listas: una de corto plazo (lo que tengo que hacer hoy), una de mediano plazo (lo que debe quedar listo a lo largo del mes o del trimestre) y una de largo plazo (lo que debe ser realizado en no más de tres años). 

El contenido de las listas debe ser flexible, de modo que podamos incorporar y sacar de ellas temas con facilidad. Lo que nos parecía importante como un plan de largo plazo hace un año a lo mejor deja de serlo en función del nuevo trabajo que tenemos o de nuestros intereses actuales.  

Hay que saber adaptarse al paso del tiempo, aunque si la lista estuvo bien hecha desde el principio (sobre todo, si solamente incluimos objetivos realistas), lo más probable es que los objetivos se mantengan en ella hasta que sean cumplidos. 

10. Buena actitud 

© Centro Carbonell Online

En México, como en buena parte de América Latina, tenemos muchas razones para quejarnos. Basta con abrir los ojos y salir a la calle para ser testigos de la basura en las calles, de la contaminación, de la depredación del espacio público, de todo tipo de ilegalidades realizadas lo mismo por autoridades que por ciudadanos.  

También tenemos muchos motivos de queja respecto de nuestra clase política, que es a la vez ineficiente y corrupta, sobre el bajo nivel educativo de los mexicanos, sobre la escasa calidad de nuestros hospitales públicos, sobre los salarios tan desproporcionados que se pagan en el país, y un largo etcétera. 

Pero ninguna de esas quejas, por justificadas que estén, van a servir para resolver el problema al que se refieren. Desde luego que vale la pena quejarse, pero no basta con ello. Hay que hacer cosas si queremos que la realidad cambie para mejorar. 

Podemos empezar por nosotros mismos. Nuestra actitud cotidiana determina en buena medida nuestro éxito en la vida. Es cierto que nuestros hábitos son nuestro destino, de modo que si queremos tener un destino mejor debemos desarrollar los hábitos que nos permitan llegar hasta donde queremos. 

La actitud con la que enfrentamos la vida puede mejorar si adoptamos pequeños cambios, a veces imperceptibles, que nos van a abrir muchas puertas. Se trata de cosas como sentarse en las primeras filas del salón, mirar a los ojos a las personas con las que estamos hablando, sonreír con frecuencia, adoptar una buena postura corporal, caminar con energía y determinación, etcétera. 

Lo que hacemos en el día a día, es lo que somos. No nos podemos reinventar a nosotros mismos cada lunes, pero sí podemos cuidar ciertos aspectos que nos permitan relacionarnos mejor con los demás.  

Al fin y al cabo, el ejercicio de la abogacía tiene mucho que ver con las relaciones entre los seres humanos. Es importante la forma en la que nos relacionamos con nuestros clientes, con los jueces y su personal de apoyo, con nuestros colegas abogados, con nuestros profesores, con nuestra familia.  

Una actitud positiva y correcta es el primer paso que podemos dar para construir nuestro camino hacia el éxito. La buena noticia es que eso depende enteramente de nosotros mismos. No tenemos que pedirle ni permiso ni perdón a nadie por tener una actitud proactiva, de la cual solamente podrán salir cosas positivas para nosotros. 

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Para terminar. 

¿Cómo te gustaría verte dentro de 30 años? Suponiendo que una vida profesional dura alrededor de medio siglo, ¿qué quieres lograr en ese periodo de tiempo que se presta para tantas cosas? 

¿Cuándo estés a punto de jubilarte y mires hacia atrás qué te gustaría ver? ¿qué oportunidades no puedes darte el lujo de desaprovechar? ¿qué tienes que hacer para encaminarte hacia una ruta que te asegure prosperidad personal, profesional y patrimonial? ¿cómo puedes utilizar de mejor manera tus conocimientos jurídicos para servir a la comunidad? 

Estoy seguro que las respuestas a muchas de esas preguntas pueden ser halladas en las diez cosas que te acabo de exponer y que, por desgracia, no siempre nos las explican cuando estudiamos la carrera de derecho. Empieza hoy a dar los pasos necesarios para contestarlas correctamente. No vale la pena esperar. 


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Les quitaron su cuerpo

Les quitaron su cuerpo

En el curso Casos relevantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Dr. Carbonell analizará a detalle las sentencias emblemáticas de la Corte, en temas como el interés superior de la niñez, el daño moral, el debido proceso, malpraxis. 

Miguel Carbonell <strong><a href="https://miguelcarbonell.me/wp-admin/post.php?post=5586&action=edit#_ftn1">*</a></strong>
Miguel Carbonell *

Abogado – Profesor – Escritor – Especialista en Derecho Constitucional

La tristemente célebre decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos en el caso Dobbs v. Jackson, no trata de prohibir los abortos, no trata de defender la vida, no trata ni siquiera de proteger al producto de la concepción. Es una sentencia que tiene un único objetivo verdadero: tomar control sobre el cuerpo de las mujeres, para hacer que su capacidad reproductiva se convierta en una obligación y no en lo que realmente es: una maravillosa posibilidad que se debe ejercer de manera libre y responsable. 

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No es creíble que digan que la Corte de EUA buscaba proteger la vida, cuando un día antes los mismos jueces conservadores se habían negado a aceptar una mínima regulación sobre el uso de las armas de fuego, que por su misma naturaleza tienen como razón de ser el privar de la vida a los seres humanos. 

No es creíble que digan que la sentencia quiere acabar con los abortos, porque la historia de la represión penal de la sexualidad humana demuestra que ello no es posible. La consecuencia será solamente terminar con los abortos legales, pero miles de mujeres buscarán por cualquier medio (incluso en mercados totalmente ilegalizados y convertidos en clandestinos por efecto de la sentencia Dobbs), interrumpir su embarazo. 

En casi la mitad de estados de la Unión Americana una mujer podrá ser obligada a tener a un hijo o hija que haya sido producto de una violación. Una niña violada por su padrastro, por su abuelo, por alguno de sus tíos o de sus profesores, será obligada a parir y tener que criar a una persona que de por vida le recordará una tragedia que la ley define como delito. Así de bárbara es la decisión tomada por la Suprema Corte de nuestro país vecino. 

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La influencia de la sentencia se proyectará más allá de las fronteras de Estados Unidos, puesto que lo que se decide en su máximo tribunal suele tener efectos contagiosos (casi siempre benéficos, con la notable excepción del caso del que estamos hablando), sobre muchos otros países. 

La redacción que hizo en la sentencia el juez Samuel Alito no deja lugar a dudas: la sentencia de Roe v. Wade que reconocía los derechos reproductivos y legalizaba la interrupción del embarazo desde 1973, “estuvo totalmente equivocada desde el principio” (desconociendo que durante casi 50 años ese criterio se había sostenido firme, con el apoyo de muchos jueces supremos de ideología y origen judicial muy variado, muchos de ellos nombrados por presidentes republicanos).  

Lo peor de la sentencia Dobbs es que la amenaza no se queda ahí, ni se limita al cuerpo de las mujeres. El voto concurrente del juez Clarence Thomas anuncia que se deben revisar otros precedentes, citando expresamente los temas del matrimonio igualitario, el derecho a utilizar anticonceptivos o el de sostener relaciones consensuales con otra persona adulta de tu mismo sexo. O sea que el movimiento de la ultraderecha legal norteamericana tiene como objetivo la involución completa del sistema de derechos fundamentales que durante décadas se había construido en los Estados Unidos. Van contra los homosexuales, desde luego contra las mujeres y también contra las parejas heterosexuales que busquen controlar el número de hijos que tendrán. Como si todavía estuviéramos en la Edad Media. Como si nuestros cuerpos no fueran nuestros. Como si nuestra intimidad estuviera bajo sus órdenes. 

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El juez Harry Blackmun fue en 1973 el autor de la sentencia Roe v. Wade. Había llegado a la Suprema Corte a propuesta del presidente Richard Nixon, luego de haber sido el abogado de la mundialmente famosa Clínica Mayo de Rochester (Minnesota). Su cercanía con el personal médico de altísimo nivel en ese legendario hospital le permitió entender con claridad lo que representaba el aborto en la vida de las mujeres. Fue precisamente en la biblioteca de la Clínica Mayo donde Blackmun llevó a cabo su investigación inicial y la redacción la sentencia Roe. 

Ahora Blackmun se debe estar revolcando en la tumba al ver el retroceso que la actual Corte le dio a su sentencia más famosa. Años de lucha por los derechos civiles acaban de terminar en la basura, gracias sobre todo al voto de los tres integrantes de la Suprema Corte nombrados por el Presidente Donald Trump. 

Pero como siempre sucede en la historia de la humanidad, esto apenas comienza. Las mujeres no se van a quedar calladas. Ellas lucharán por recuperar sus cuerpos. Y ahí estaremos muchos, para ayudarles a lograrlo. 


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